Los terribles dos

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Los terribles dos

Cuando tus hijos van creciendo es verdad que parece se van olvidando esas primeras etapas que tenían también sus cosas. Afortunadamente estoy llena de sobrinos y todavía vivo situaciones que me hacen reflexionar mucho.

Tengo un precioso sobrino (qué voy a decir yo 😉 ) que comienza los terribles dos. Está en la fase “yo, yo, yo…” donde no quiere saber nada de nadie, que cuando le contradicen todo es una rabieta y con los afectos a veces en modo contrario: o te quiere mucho y te da besos o no te quiere nada y te chilla.

La verdad es que me recuerda a mi hija la mayor, tuvo también esa etapa así de definida y si hay algo que no se me olvidará nunca son las terribles rabietas que tenía en cualquier lugar sobre todo en los supermercados. Se tiraba al suelo como una loca mientras yo, no tenía muy claro cómo hacer. Lo mejor sin duda (irónicamente claro) era cuando alguna señora mayor se paraba y me decía: “¿Es tuya? ¿Por qué no la coges?” y en mi desconcierto mientras analizaba qué podía hacer recuerdo pensar: “¿Y a usted qué le importa lo que haga? Qué manía de dar consejos…”.

Mucho ha llovido desde entonces y sí es cierto que los años y crianzas te dan otras perspectivas, sobre todo saber que es ABSOLUTAMENTE NORMAL además de sano que hagan todo eso. El proceso madurativo de su cerebro funciona así y el deseo de independencia, hacer lo que quieren en medio de torrentes emocionales diversos forma parte de eso. 

Lo que importa aquí, ES CÓMO LO GESTIONEMOS NOSOTROS ya que somos el referente para ir ayudando a su cerebro a que regule y que aprenda poco a poco, culminando con la adolescencia (de eso sí hablaré también más adelante) a tener ese control emocional, autorregulación, automotivación….y todas las habilidades que hacen que seamos adultos sanos mentalmente.

En el cómo lo gestionamos nosotros, veo ahora con cariño y cierta diversión (lo siento, es que es así…..jeje) a mi hermano y mi cuñada haciendo lo que pueden. Lo primero que pide el cuerpo adulto es que básicamente se le pase de una vez el berrinche porque me tiene agotado y entonces se nos ocurren cosas que no siempre son las mejores. Por ejemplo las pantallas….sé que son golosas, tentadoras, anestesiadoras, cumplen objetivo de calmarlos a ellos y nosotros y nos dan respiro…pero antes de los dos años, solo tienen desventajas. Aquí otro de los miles de artículos que existen con las investigaciones al respecto, leer artículo.

Siegel dice y estoy de acuerdo: “NO queremos que nuestros hijos sufran. Pero al mismo tiempo queremos que vayan más allá del mero hecho de superar momentos difíciles, queremos que se enfrenten a sus problemas y crezcan con ellos”.

Tenemos dos cerebros, el lógico y el emocional (por simplificar) y cuando los niños entran en lo que he contado arriba (rabieta, berrinche), la lógica se va a la porra. Y lo curioso y divertido es que los adultos intentamos razonar todo el tiempo con ellos en modo lógica cuando están en ese modo. Les hablamos, explicamos, damos instrucciones….y todo eso, les da igual, no hacen ni caso. Y punto importante, las emociones que tiene en ese momento que a nosotros nos parecen exageradas, fuera de control….son NORMALES y fundamentales para él, por lo que ningunearlas, no darles importancia….no es lo mejor. Y sí ayudar a redirigirlas, que es lo que explica tan bien este hombre (Daniel Siegel) en sus libros.

También el cerebro está montado en modo escalera, inferior y superior, el de las reacciones viscerales abajo (supervivencia) y las racionales arriba (donde podemos pensar y razonar soluciones que queremos hacer). En las rabietas, normalmente el inferior toma el control y es complicado que el otro haga algo, sobre todo en niños pequeños porque todavía no está desarrollado y queda mucho para que se desarrolle. Y ahí entramos nosotros. Porque ellos se quedan atrapados abajo y nuestro papel es ayudarles a sacarlos de ahí.

Los pasos que habría que dar son:

1.- Conectar con ellos, empatizar, hacerle ver que le comprendes.

2.- Redirigir, hacia arriba para que se calme.

¿CÓMO?

Vale, ahora esta es la receta pero por supuesto aquí cada niño es un mundo, no funciona todo a la primera, a veces funcionará y otras no, el truco: PACIENCIA Y PERSISTENCIA. No hay más.

1.- Conectar: recuerda modo rabieta, gritos….etc (un INCISO IMPORTANTE: no se puede dejar nunca que pasen de los límites de pegar, tirar cosas, faltas de respeto, esto hay que pararlo antes de hacer estos dos pasos….los límites son los límites y esto es la estrategia en situaciones que se pueda aplicar y os aseguro que funciona pero para ello, debemos estar bien, tranquilos y concentrados. Por eso digo que es tan importante trabajarse uno mismo antes….)

Contacto físico cariñoso y apaciguador. Ayudar a tranquilizar y para ello, nosotros tranquilos. Y aquí no vale hablar y menos decirle: “Tranquilízate”. ¿No os pasa a vosotros que cuando estáis que “trináis” lo que menos os gusta es que os digan, “tranquila ¿eh?”. pues ellos exactamente igual. El lenguaje no verbal nuestro es fundamental, recuerda, tú eres el adulto, tú controlas. Calma.

2.- Redirigir: una vez vemos calma, ahora sí se puede hablar. Desde la empatía, “comprendo que no te haya gustado tal cosa pero papá, mamá creen que…..” y aquí la lección. Límites claros y cariño. Poco más. No hay que transigir, ellos aprenden la lección desde la calma y la firmeza y nosotros vamos enseñando a controlarse. 

¿Que no es fácil? Claro, nadie dijo que lo fuera ;). Pero funciona.

Solo hay que practicar y por cierto, este método, no solo es para niños. Así que cada uno lo aplique como considere con personas de cualquier edad.

Querido hermano, cuñada…mi sobri es el mejor, me encanta como es, su carácter, su bondad, su alegría…llegará lejos y esta etapa, pues una más. Normalísima y sanísima. 🙂

¿Cómo funciona con un adulto o adolescente? Igual….en esos momentos de explosión emocional en los que perdemos el autocontrol lo mejor es,

1.- Empatizar: y no vale decir, “cálmate”. Simplemente estar ahí, acompañar con el lenguaje no verbal y algún mensaje de “Ya veo, ha tenido que ser horrible, vaya tela….”.

2.- Dialogar desde la lógica una vez se ha calmado: Preguntar por los datos de la situación (¿recordáis la Escalera de Inferencias para comunicar?), qué ha pasado, qué has hecho…cómo lo puedes arreglar, te entiendo, mi opinión…..

 

Hasta la próxima. 🙂

Podéis escucharlo aquí:

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p.d: Podéis leer también un artículo que he escrito para la plataforma Empantallados.com y que han publicado esta semana sobre Resiliencia (cómo educarla), Autonomía y Talento.

Aquí: Niños autónomos, resilientes y talentosos

 

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1 Comment

  1. […] es decir se comportan muchas veces como los niños de dos que hablábamos hace un par de semanas (aquí), pero para eso ya conté qué se podía hacer […]

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